Algo huele a podrido en Argentina
Desde hace varios años, nos hemos acostumbrado a ver cómo los episodios de violencia en los estadios se suceden unos a otros en los estadios sin que nadie sea responsabilizado y condenado por ellos.
Innumerables son las columnas de diarios que subrayan la necesidad imperiosa de erradicar la violencia de inmediato. Sin embargo, a medida que transcurre el tiempo el problema se va legitimando de una manera tan nefasta que llegamos a quejarnos cuando se suspende transitoriamente el torneo (para que nada cambie, por cierto).
Por otra parte, políticas tales como la quita de puntos a los clubes dejaron de aplicarse súbitamente siendo que al parecer ciertos dirigentes la consideraban desatinada dado que todos corrían el riesgo de ser víctimas de dicha sanción.
Sin una Justicia que se comprometa a sancionar con la misma firmeza a todos por igual, sin dirigencias que se propongan erradicar a los barrabravas, y sin un público que entienda al fútbol como un espectáculo deportivo; difícilmente se vislumbren posibilidades de cambio en un escenario que lo necesita y con urgencia.